De pequeña recuerdo que mi tía siempre me llevaba a desayunar a un restaurante que quedaba como a 40 o 50 minutos de la casa de mi abuela, O por lo menos a mí se me hacía eterno. ¿Qué puedo decir? Era pequeña y hasta el camino a la esquina se me hacía eterno. Bueno, estaba lejos, y mi vida era hermosa cuando desayunaba y coloreaba los manteles de papel que habían en la mesas con las típicas 3 crayolitas que te regalan en la entrada, si todo era de color rosa, hasta que aparecía el puto y jodido payaso. Era de esos típicos que llevan zapatotes gigantes y hacen globos… ¡Por la madre del creador! ¡Era Terrible! Nunca me gusto. Siempre corría de él y generalmente me iba al baño un buen rato hasta que desaparecía. También recuerdo haberme puesto a llorar debajo de una mesa porque se acercó a darme un flor hecha con globos, dirán que es absurdo, pero cuando le tienen miedo a algo, NADA SE LOS QUITA.
Después la historia continuo, cuando crecí una de mis abuelas comenzó a recurrir mucho a un restaurante con sus amigas, tanto, que se volvió amiga del maldito payaso que trabajaba ahí. Era traumante. Siempre decía que se casaría conmigo, que era demasiado linda, me llamaba “hermosa” y seudónimos así. Lo decía de broma, lo sé, pero para mí era traumante. Incluso se me hace increíble que al ver la película de “Eso” nunca haya llorado o me haya dado miedo, aun así… malditos payasos.
Ahora que lo analizo, no sé cuál es el problema, si los payasos o los restaurantes.
No me considero una Payasofóbica o lo que quieran, pero simplemente quiero estar lejos de lo que me da miedo, como los payasos, por ejemplo.









